Colaboradora: Raúl Ruiz Álvarez
La obra Alhambra en femenino: espacios y lugares constituye una aportación fundamental dentro de la historiografía actual al situarse en la intersección entre la historia del arte, los estudios de género y la historia social del espacio. Elaborada en el marco del programa “Alhambra en femenino” y editada por el Patronato de la Alhambra y Generalife, responde a una necesidad historiográfica y social urgente: incorporar a las mujeres -“de toda clase y condición”- como sujetos históricos activos en la construcción, gestión y vivencia de la ciudad palatina, entendida como patrimonio vivo atravesado por experiencias diversas.
Nos encontramos ante un trabajo especialmente relevante por su planteamiento metodológico. Su autora, María Elena Díez Jorge, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Granada, consolida una trayectoria dedicada a reinterpretar el espacio desde la categoría de género y la interseccionalidad. El volumen deconstruye imaginarios tradicionales -incluidos los de carácter popular- que han relegado a las mujeres a papeles secundarios o decorativos, y demuestra su participación activa en ámbitos políticos, económicos, sociales y culturales.
Díez Jorge presenta la Alhambra como un espacio vivido, construido y experimentado. La obra se distancia de aproximaciones centradas exclusivamente en la arquitectura o la estética para proponer una lectura desde la experiencia social, en la que las trayectorias femeninas adquieren centralidad. Esta reinterpretación de la ciudad palatina desarticula imaginarios heredados y sitúa a las mujeres como agentes históricos. En este marco, resulta especialmente significativa la apuesta por hablar de “experiencias femeninas” en plural, incorporando la interseccionalidad como herramienta analítica. El libro muestra cómo factores como la clase social, la edad, el estado civil o la condición jurídica configuran experiencias diversas, evitando la construcción de un sujeto femenino homogéneo y subrayando la complejidad de las relaciones sociales. Para ello, se apoya en una sólida combinación de fuentes -documentación archivística, testimonios escritos, cultura material, representaciones iconográficas y memoria oral- que permite identificar su presencia en distintos ámbitos y reconstruir las condiciones concretas de su vida cotidiana, sus márgenes de acción y sus formas de agencia. En este sentido, uno de los principales aciertos del volumen reside en ir más allá de la visibilización para adentrarse en el análisis de las prácticas sociales, económicas y políticas desarrolladas por mujeres en la Alhambra.
Desde el punto de vista estilístico, destaca una prosa clara y sugerente, articulada a partir de interrogantes que guían la lectura hacia respuestas fundamentadas en un excelente uso y selección de fuentes y bibliografía. El género se integra como categoría analítica que permite evidenciar desigualdades estructurales entre varones y mujeres, así como entre distintos grupos sociales. El recorrido por los espacios de la Alhambra revela así una amplia diversidad de perfiles femeninos: sultanas y concubinas con capacidad de influencia política y económica; reinas, tanto consortes como reinantes, que habitaron y gobernaron; mujeres trabajadoras, libres y esclavas, que desempeñaron oficios diversos; y artistas vinculadas a la producción cultural. Estas presencias se concretan en espacios como la Torre de la Cautiva, el Palacio de Carlos V, el Palacio de los Leones o el Palacio de Comares.
Uno de los aportes más relevantes del libro es la construcción de un itinerario único organizado en ocho partes, que atraviesa distintas cronologías y permite pensar la historicidad de los espacios evitando anacronismos. Este recorrido construye una geografía femenina a partir de nombres propios, prácticas, usos y memorias, integrando el análisis del patrimonio con la experiencia social.
El itinerario se inicia con el estudio del callejero y el caserío de la Alhambra, donde se reconstruyen huellas femeninas a través de documentación, parcelarios y memoria oral. En este primer tramo adquieren relevancia espacios como la Torre de la Cautiva, la de la Ladrona o la de las Infantas, junto a ámbitos domésticos documentados como la casa de Carolina Beranguer. La segunda parte se dedica al Palacio de Carlos V, analizado desde la organización generizada del espacio -con la diferenciación entre el ala occidental para el emperador y la meridional para la emperatriz-, así como desde sus transformaciones y su proyección contemporánea, incorporando la fotografía, las alegorías femeninas y la cultura material conservada en el museo.
El recorrido continúa por la Galería de Machuca, el Mexuar y el Cuarto Dorado, espacios donde residieron, trabajaron o se representaron mujeres como Isabel I, Isabel de Portugal o Germana de Foix, junto a otras figuras como Harriet Ford. En el Palacio de Comares, la autora propone una lectura interpretativa que entrelaza simbología, indicios documentales y construcción historiográfica en torno a reinas y sultanas.
Particularmente sugerente resulta el análisis del harén en el Palacio de los Leones, donde se examina como una institución social compleja, regulada y jerarquizada. En este contexto, la Sala de los Reyes permite reflexionar sobre las representaciones visuales de las mujeres y abre la posibilidad de considerar su participación en la producción artística.
El itinerario avanza hacia el Baño de Comares, donde se abordan las construcciones culturales del cuerpo femenino, especialmente en el siglo XIX, en contraste con la evidencia de mujeres trabajadoras documentadas en estos espacios, como la alfarera Isabel de Robles. En el El Partal, se plantea la relación entre mujeres representadas y mujeres creadoras, incorporando figuras como las Mendoza. Finalmente, el recorrido culmina en el Convento de San Francisco, donde se analizan la muerte, la memoria y las emociones a través de testamentos, prácticas funerarias y dispositivos de recuerdo.
El volumen incorpora asimismo una dimensión crítica al abordar la cultura material como vía de acceso a la vida cotidiana. Objetos como pulseras, anillos, ungüentarios o pequeñas figuras se presentan como testimonios fundamentales para comprender prácticas, identidades y relaciones sociales. A ello se suma la recuperación de nombres de mujeres vinculados a espacios concretos, con un claro valor simbólico y epistemológico.
Desde el punto de vista formal, la obra destaca por su cuidada edición, con abundante material gráfico -planos, dibujos, fotografías y documentos- integrado en el discurso. Los pies de figura, redactados con precisión y claridad, contribuyen a contextualizar las imágenes, mientras que los ejes cronológicos al final de cada capítulo facilitan la comprensión de los procesos históricos. La naturaleza cambiante de los espacios y la fragmentariedad de las fuentes plantean ciertas dificultades interpretativas, abordadas con rigor metodológico y con plena conciencia de los límites del conocimiento histórico.
Nos encontramos ante un ejemplo sobresaliente de investigación y transferencia del conocimiento, que conjuga excelencia académica con accesibilidad y contribuye a renovar las miradas sobre uno de los conjuntos monumentales más estudiados. Obras como esta resultan imprescindibles para avanzar hacia una historiografía más inclusiva, crítica y completa. No puedo concluir sin subrayar que el volumen se erige, asimismo, como expresión de una trayectoria intelectual plenamente consolidada, sostenida en décadas de investigación de excelencia, una dedicación continuada y una contribución decisiva a la articulación y consolidación de los estudios de género y espacio en el ámbito académico y su transferencia a la sociedad. Esta obra sintetiza el compromiso científico y la autoridad investigadora de su autora.
En definitiva, Alhambra en femenino: espacios y lugares se configura como una obra de referencia que transforma las preguntas y enfoques desde los que se analiza el pasado. Propone una lectura del espacio, del poder y del patrimonio desde el género, evidenciando cómo las relaciones sociales se inscriben en la materialidad de los lugares. En este sentido, la obra pone de relieve que la agencia de las mujeres dejó huella en la Alhambra: en el espacio, en los lugares, en los objetos, en los documentos, en los relatos y en la memoria, y de manera especialmente elocuente en miradas como las que nos enseña María Elena Díez Jorge.