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María Sánchez. Una mujer entre el Medievo y el Renacimiento al frente de la fundación de la primera universidad de Andalucía: el Colegio Santa María de Jesús de Sevilla

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En tiempos donde pareciera que la labor de las mujeres se restringía al interior de las casas como esposas y madres, o de los conventos como monjas de clausura, descubrimos la figura de una mujer llamada María Sánchez, colaboradora de Rodrigo Fernández de Santaella, el fundador del colegio-universidad Santa María de Jesús en 1505, dando origen a la Universidad de Sevilla, que en ese tiempo era exclusivamente masculina. Una beata franciscana que vivía en dicha institución y que se convirtió en dispensadora de las rentas de la universidad, administradora de las obras del colegio universitario y madre espiritual de los colegiales y los rectores tras la muerte de Maese Rodrigo.

Buceando en los archivos históricos de la ciudad de Sevilla encontramos muchas mujeres que no vivían de la manera que creeríamos habitual para esos siglos medievales, supuestamente oscuros, así como durante el siglo XVI y principios del XVII. Y no eran pocas. Al igual que existían mujeres que llevaban un estilo de vida que hoy día podríamos calificar como tradicional, siendo madres y esposas o monjas, otras se dedicaban a diferentes profesiones entre las que estaban las de albaceas testamentarias, enfermeras, apoderadas de diferentes negocios, promotoras y rentistas inmobiliarias, prestamistas, joyeras, dueñas de barcos, artesanas, comerciantes al por menor y al por mayor, mercaderas de Indias, fundadoras y administradoras de instituciones de diversa índole, artistas, representantes… Y entre esas mujeres encontramos a María Sánchez, administradora del colegio-universidad Santa María de Jesús, el origen de la actual Universidad de Sevilla. Esta institución educativa superior estuvo en lo que se le llamaba el corral de Jerez, justo donde hoy confluyen la Avenida de la Constitución con Puerta de Jerez y de lo cual sólo nos queda su pequeña capilla de estilo gótico-mudéjar construida en el siglo XVI, al igual que la universidad. Del primitivo colegio de Maese Rodrigo, así denominado popularmente con el nombre de su fundador, no conservamos ningún edificio ya que fue derribado, excepto su templo, en 1920 debido al ensanche de la avenida. El inicio de la institución se suele situar en 1505, pero realmente los primeros estudiantes fueron recibidos en 1516, justo un año antes del fallecimiento de nuestra protagonista, María Sánchez. Esta mujer fue la administradora y dispensadora de los bienes y rentas del colegio-universidad Santa María Jesús entre 1509, año de la muerte de Rodrigo Fernández de Santaella, el fundador, y 1517, cuando ella muere.

De Maese Rodrigo tenemos varias biografías donde se destaca sus características de gran hombre del Renacimiento. El fundador del colegio-universidad Santa María de Jesús nació en Carmona, Sevilla, en 1444. Fue, entre otras muchas cosas, sacerdote, canónigo de la Catedral de Sevilla y doctor en Teología por el Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia, Italia, y posteriormente nombrado catedrático en este lugar en 1469 donde también estaba Elio Antonio de Nebrija o Lebrija, de su misma edad. En 1500 el papa Alejandro VI le nombró arcediano de Reina, una dignidad eclesiástica que ocupaba Aracena, Almonaster, Zufre, Cantillana y Montemolín. Pero la labor que más frutos le pudo proporcionar fue la de confesor de los Reyes Católicos ya que eso le hizo labrar una amistad con la reina Isabel que le permitió finalmente poner en marcha su proyecto universitario.

Curiosamente de María Sánchez, nuestra protagonista, tenemos pocos datos más allá de lo que se dejó por escrito tanto en el testamento de don Rodrigo como en el suyo propio, así como en los documentos notariales hallados. Era una religiosa laica, una beata franciscana, a veces también denominada como honesta, es decir, mujer soltera; así como madre, aunque no en el sentido biológico sino religioso o espiritual. Las beatas eran mujeres que o bien eran solteras o viudas que vivían un estilo de vida laico y ejercían labores y trabajos seculares como albaceas testamentarias, rentistas, agentes intermediarias de diferentes negocios, administradores y fundadoras de hospitales y hospicios, promotoras comerciales, etc. Algunas de ellas no pertenecían a ninguna orden religiosa, manteniéndose totalmente independientes a todo poder eclesiástico y patriarcal hasta la primera mitad del siglo XVI y la puesta en práctica de las normas del Concilio de Trento (1545-1563). Otras pertenecían a órdenes terceras, como franciscanas y dominicas, pero al igual que las beatas independientes podían ejercer todo tipo de trabajos y cargos como cualquier otra persona laica. Eran llamadas también frailas, freiras, sororas, emparedadas, terceras o beguinas.

María Sánchez vivía en la casa de Maese Rodrigo en principio como regidora, como ama de llaves, y luego, tras la muerte del fundador en 1509, se convirtió en una de las personas más importantes de la institución ya que ningún trámite podía realizarse sin su consentimiento. Junto a dos hombres, Fernando Ruiz de Hojeda y Pedro de Fuentes, se dedicaría a sacar adelante el proyecto de Maese Rodrigo que quedó inconcluso por la muerte del fundador de la universidad. ¿Y en qué consistía ser administrador/a de una institución como un colegio universitario? Los tres, en total igualdad, se harían cargo de terminar la obra de la universidad, así como de cobrar las rentas de las diferentes propiedades que el fundador había dejado en testamento y que servirían para pagar el proyecto. Los documentos encontrados en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, además de los ya conocidos por los investigadores del mismo Archivo Universitario, desmienten esa visión sesgada y misógina de la que fue administradora de este colegio entre 1509 y 1517, año de su muerte. De hecho, no sólo fue deseo de don Rodrigo que María Sánchez fuese una de las administradoras del colegio y promotoras de las obras, sino que pidió en su testamento que fuera tratada como madre verdadera, ya que en cierto sentido ya era madre espiritual como ocurría con todas las beatas que regían instituciones educativas, hospitalarias y religiosas en aquella época.

«Y el rector y colegiales y oficiales la obedezcan y acaten y traten como a madre verdadera, que mucho más le debe el colegio y yo no podría ser satisfecho cosa igual a sus merecimientos»

Además, don Rodrigo, en un gesto de gran generosidad, que según algunos biógrafos no era una de sus virtudes, dejó gran parte de sus bienes personales a la beata.

La beata pidió en su testamento, que también se conserva en el Archivo Universitario, que sus restos mortales descansaran en la capilla de dicha universidad, donde también fue enterrado Maese Rodrigo y Alonso de Campos, el primer rector de la institución. María Sánchez nombra como heredero universal de todos sus bienes al colegio, tal como el fundador le pidió en su última voluntad.

El caso de María Sánchez como administradora de una institución educativa superior masculina puede parecer excepcional, ya que las mujeres no podían ser estudiantes ni profesoras. En cambio, según hemos visto, sí podían ejercer cargos de responsabilidad como es el caso que nos ocupa.

«Por cuanto la muerte es incierta si por ventura dios me llevare y quedare María Sánchez, quiero y mando que ella mediante Fernando Ruiz de Hojeda, clérigo beneficiado de San Julián de Sevilla, cobre las rentas del colegio y labre con lo que con ellas pudiere hasta que sea acabado, y si después de mi dios la llevare antes de ser acabada la dicha obra, el señor Pedro de Fuentes, canónigo de la dicha Santa Iglesia de Sevilla y el dicho Fernando Ruiz de Hojeda la lleve adelante con la dicha renta hasta que sea acabada. Quiero y mando que la continuación de la obra del colegio y cobranza sea puesto Gil de Fuentes, clérigo, juntamente con la madre María Sánchez y con Fernando Ruiz de Hojeda, clérigo beneficiado», decía Maese Rodrigo en su testamento.

Nuestra protagonista, María Sánchez, no fue la única mujer que ayudó a Maese Rodrigo en este proyecto universitario. Otras colaboraron de manera eficiente y definitiva en la fundación de dicha institución educativa, como son las hermanas Leonor y Ana del Alcázar,beatas dominicas, que hicieron una donación de cierta cantidad de dinero para la decoración de la capilla de la universidad además de otros tratos inmobiliarios con el fundador desde tiempo atrás. Pero, sin duda, la más importante de ellas, junto con María Sánchez, fue la reina Isabel la Católica que puso todo de su parte para que el Vaticano dotara y apoyara al colegio enviando dos cartas al papa Julio II y al cardenal Bernardino de Sandoval en el año 1500, cinco años antes de la fundación. Lo que nos debería quedar claro es que, si María Sánchez pudo realizar esta importante labor siendo mujer, quizás no era una excepción sino una norma. Quizás también otras participaron en proyectos de este calado, pero han sido olvidadas o borradas de la Historia y de ahí la importancia que tiene la investigación en archivos para poder sacar a la luz a todas las mujeres que aportaron al desarrollo intelectual, educativo, científico, económico, social, cultural y religioso durante la Edad Media y principios de la Edad Moderna en Andalucía.