BIBLIOTECA TRAMA

Margarita M. Birriel Salcedo e Inmaculada Arias de Saavedra Alías (eds.). Mujeres, género y trabajo en la Edad Moderna. Madrid: Sílex Universidad, 2024. 522 págs. ISBN: 978-84-19661-53-1

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El libro Mujeres, género y trabajo en la Edad Moderna es, sin duda, una obra necesaria. Responde a una carencia historiográfica evidente: la ausencia de una visión sistemática del trabajo femenino en la Andalucía moderna. Fruto del proyecto de investigación TRAMA, dirigido por Margarita M. Birriel Salcedo e Inmaculada Arias de Saavedra Alías, la obra se atreve a recorrer un territorio poco explorado, con valentía y complejidad, combinando reflexiones teóricas y metodológicas con estudios de caso provinciales y análisis de representaciones culturales. El resultado es un mosaico coral que funciona, al mismo tiempo, como balance historiográfico y como programa de investigación futura.

Los textos se han reunido en tres grandes apartados: Marcos generales e historiografía, Archivos y fuentes, y Los trabajos de las mujeres en Andalucía.

En el primer apartado, Marcos generales e historiografía, se han englobado una serie de textos que, por un lado, plasman los recorridos historiográficos y por otro, presentan modelos metodológicos en el estudio del trabajo de las mujeres en la Edad Moderna. Comienza este apartado con el artículo de Carmen Sarasúa con un balance de medio siglo de estudios sobre trabajo y desigualdad de género. Su reflexión, desde la historia económica, muestra cómo la investigación ha transformado radicalmente la visión del trabajo femenino, poniendo de manifiesto que las mujeres participaron en todos los sectores, aunque siempre en condiciones de desigualdad. Su propuesta de futuro apunta a la necesidad de seguir explotando nuevas fuentes y metodologías. A continuación, María Ågren presenta la experiencia del proyecto sueco Gender and Work, que introduce el método “orientado al verbo” para rastrear lo que hombres y mujeres hacían en su vida cotidiana, más allá de las etiquetas profesionales, es decir, preguntar qué hacían en su vida diaria y analizar si esos actos eran un trabajo. Su conclusión es sugerente: la división sexual del trabajo no fue tan estricta como se ha supuesto, y las esferas masculinas y femeninas aparecen profundamente entrelazadas. En la misma línea de abrir nuevos caminos, Ofelia Rey Castelao examina las migraciones femeninas en la Edad Moderna. Su análisis de la movilidad corta e intrarural muestra que fue decisiva en la organización social y laboral del campo y que permite incluso reinterpretar fenómenos posteriores como la emigración a América. Subraya que es preciso preguntarse si estas migraciones tienen el mismo significado en hombres que en mujeres, y que faltan estudios regionalizados que midan y comparen el trabajo de las mujeres en economías rurales diferentes y que vinculen la actividad laboral con la emigración. Por su parte, Raquel Tovar Pulido analiza la evolución de la normativa castellana sobre las limitaciones a las mujeres para el ejercicio de actividades económicas y se adentra en el estudio de las mujeres como administradoras de patrimonio en Andalucía y Extremadura. Revela que, a pesar de las limitaciones legislativas para ellas, las viudas y solteras ejercieron jefatura de hogar y gestión de bienes con notable protagonismo, lo que desmiente la imagen de pasividad económica tradicional. Finalmente se cierra este primer apartado con una reflexión historiográfica sobre un territorio concreto, Cataluña en la Edad Moderna, escrito por Paula Álvarez Magrí y Maria José Vilalta. En sus páginas las autoras nos muestran el camino realizado, cómo, a partir de los presupuestos teóricos y metodológicos de la historia económica y social, y las preguntas adecuadas a través de las cuales fue posible documentar y extraer la información que contenían las fuentes y así situar a las mujeres en las economías históricas. Así mismo se emprendían renovados planteamientos de investigación.

El segundo apartado del libro reúne aportaciones centradas en Archivos y fuentes y representaciones. Eva Martín López dirige la mirada hacia los archivos y plantea una crítica necesaria a las normas de descripción documental que han invisibilizado sistemáticamente a las mujeres. Insiste en la urgencia de reformar la archivística con propuestas prácticas para que las mujeres pasen a constituirse en auténticas “entidades” dentro de los catálogos. El trabajo de María Aurora Molina Fajardo escoge, como fuente principal para el estudio del trabajo de las mujeres en la Edad Moderna, una serie de obras artísticas, principalmente de carácter religioso y constata que tienden a invisibilizar los trabajos reales de las mujeres puesto que lo que pretendían era mostrar las labores adecuadas para ellas. La autora nos enseña que la imagen era un recurso fundamental para la construcción del ideal femenino de la época. Tienen claramente objetivos moralizantes y doctrinales. No obstante, algunas obras dejan traslucir las huellas de la desigualdad y los roles sociales reales. En esta misma sección, Rebeca García Haro examina los libros de trajes europeos del siglo XVI, una fuente que con frecuencia se ha usado de manera acrítica. Su análisis demuestra que estas imágenes no son neutras, sino construcciones culturales cargadas de significados, y que solo una crítica documental rigurosa puede convertir dichas imágenes en instrumentos válidos de conocimiento. Completa este apartado el artículo de Maribel Díez Jiménez quien estudia a las mujeres agrourbanas de las comarcas granadinas del siglo XVI, y demuestra, mediante una lectura con perspectiva de género de las fuentes notariales, que la historiografía androcéntrica había silenciado a un conjunto femenino muy presente en los registros. Su conclusión es clara: el método constituye una herramienta imprescindible para combatir el sesgo de género en la interpretación documental y para restituir a estas mujeres como agentes de transformación social.

El tercer apartado, Los trabajos de las mujeres en Andalucía, constituye la gran aportación del proyecto TRAMA: por primera vez se cartografía la diversidad de actividades femeninas en las distintas provincias. En Huelva, Cristina Ramos Cobano describe el estado de la cuestión como “una historia por hacer”, pues la investigación apenas se ha iniciado y conviene releer las fuentes con enfoque de género. En Cádiz, Raúl Manuel Fernández López muestra la riqueza de las fuentes del siglo XVIII, como el Catastro de Ensenada. En esta provincia, debido al incremento económico que siguió al monopolio comercial con América, se crearon una gran cantidad de compañías fabriles que dieron trabajo a numerosas mujeres. La contribución femenina a la economía gaditana manufacturera fue fundamental. Asimismo documenta la presencia de agricultoras, maestras, editoras, bodegueras, comerciantes, e infinidad de ocupaciones más con los que las mujeres se mantenían y sacaban a sus familias adelante. En Sevilla, Ángel Ignacio Aguilar Cuesta repasa la producción reciente y concluye que, aunque se han dado avances en el conocimiento de la mujer y sus oficios, aún falta integrar plenamente la categoría de género en los análisis laborales y completar importantes lagunas. Luis Garrido-González, en su estudio sobre Jaén, haciendo un repaso de los estudios sobre el trabajo de las mujeres en la Edad moderna, concluye que muy pocos han sido con perspectiva de género. Evidencia la fuerte participación femenina en la producción textil y manufacturera. Y menciona la existencia de un sector femenino minoritario como son las hechiceras y beatas y su persecución por ser económicamente independientes. En Málaga, Francisco Hidalgo Fernández y Pilar Pezzi Cristóbal subrayan que se trata de la provincia con mayor número de estudios, pero centrados en lo urbano y en el siglo XVIII, e insisten en los vacíos relativos al trabajo remunerado y, sobre todo, al no remunerado y a etapas anteriores. Señalan también que hay que utilizar con más frecuencia el cruce documental de las fuentes como procedimiento metodológico. Por su parte, Margarita M. Birriel Salcedo y Raúl Ruiz Álvarez muestran para Granada la escasez de investigaciones específicas sobre género, mujeres y trabajo referidas al periodo moderno y, sobre todo, el gran olvidado siglo XVII. Haciendo un recorrido por la infinidad de trabajos que, como queda constatado, realizaron las mujeres, resulta más que demostrada la regularidad de la pluriactividad en ellas. Finalmente, en Almería, Raúl Ruiz Álvarez y Margarita M. Birriel Salcedo concluyen que la presencia femenina fue constante y fundamental, aunque todavía falta un estudio sistemático y actualizado. Destacan los datos de numerosas mujeres emprendedoras, gestoras de empresas y comerciantes.

El balance general que ofrece este volumen es doble. Por un lado, confirma el extraordinario avance historiográfico de las últimas décadas, gracias a nuevas metodologías y a la ampliación de las fuentes disponibles. Hoy sabemos que las mujeres trabajaron siempre y en todos los sectores, y que fueron pilares de la economía familiar y comunitaria. Por otro lado, subraya que la historia del trabajo de las mujeres en Andalucía Moderna sigue siendo una historia por hacer: la investigación es desigual, existen cronologías y territorios poco atendidos, y persisten vacíos sobre el trabajo no remunerado. Por ello Mujeres, género y trabajo en la Edad Moderna se erige, así, en un estado de la cuestión imprescindible y en un programa de investigación futura.