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Hasta pronto, querida Vilalta

Acabamos de conocer el fallecimiento de nuestra querida compañera, amiga e investigadora del equipo TRAMA, María José Vilalta i Escobar.

Para quien escribe estas palabras, es un golpe duro, muy duro. Una de esas noticias que descolocan, que duelen de verdad.

En este hasta pronto, debemos recordar su trayectoria, y especialmente su ayuda, su comprensión en este sistema universitario que consume y en el que hacen falta muchas Vilalta: su entrega a la investigación rigurosa, de calidad, de contenido. Porque además de compañera, María José es una investigadora brillante. Catedrática en Historia Moderna, ha desarrollado una trayectoria sólida y comprometida desde la Universitat de Lleida. Su trabajo sobre población, familia, mujeres y trabajo en la Cataluña moderna y en contextos latinoamericanos ha sido riguroso y necesario. Ha destacado también como investigadora en historia de las mujeres, aportando reflexión metodológica, compromiso feminista y resultados de enorme calidad, especialmente en sus publicaciones más recientes.

Es muy difícil decir adiós a Vilalta. A la hora de escribir estas líneas recorren mi cabeza miles de ideas y un profundo sentimiento de tristeza: el sentido de la amistad, el trabajo conjunto y compartido, los ideales, el respeto que nos ha enseñado a tener a la academia, a la de verdad. En el proyecto TRAMA ha sido una pieza imprescindible, pues siempre ha estado ahí, para arrimar el hombro, para pensar, para ayudarnos a sentir la historia. Siempre con una lucidez digna de admiración. Recordamos cómo fue la discussant de nuestros incipientes resultados de investigación en el seminario de Málaga, donde no solo aprendimos, sino que discutimos, pensamos, compartimos…y reímos. Y cómo no recordar aquellos paseos en Lanjarón y la Alpujarra, en el marco de aquel seminario sobre catastros, donde la conversación era siempre generosa, afilada, llena de saber y de humanidad.

Mi gratitud —y estoy seguro de que también la de todas las personas que la conocimos— es inmensa. Tan inmensa como fue su entrega generosa en nuestros comienzos. Recuerdo tantas conversaciones con Paco Hidalgo, en las que hemos reconocido lo mismo una y otra vez: que en Vilalta siempre encontramos un hombro en el que apoyarnos, unas palabras de cordura en medio de un mundo a menudo desquiciado, y una sonrisa que permanece grabada en la memoria. Esa mezcla de inteligencia, templanza y calidez, unida a su enorme y generosa capacidad pedagógica, la convertía en una compañera irreemplazable.

En los últimos meses hemos compartido sesiones, miles de conversaciones, incluso química —petroquímica, como bromeábamos—, y siempre desde la serenidad, la positividad y la solución. Por eso hoy me siento profundamente frustrado, triste y enfadado. Se nos ha ido una persona extraordinaria, y con ella, tantas cosas…

Hace apenas unos días intercambiaba palabras con Fernando, su apoyo incondicional en estos tiempos tan duros. Quiero mandarle a él, y a toda su familia y seres queridos, un abrazo inmenso. En casa, durante este último año, siempre ha tenido un rincón de energía positiva y una luz, una luz que sigue aquí, en nuestros corazones.

Que sepan que la recordaremos, que la honraremos, y que seguirá muy presente en lo que hacemos.

Vilalta, te queremos.

Raúl Ruiz Álvarez