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Las mujeres siempre estuvieron en el Catastro

La exposición sobre el Catastro de Ensenada en Cenes de la Vega incorpora un panel sobre los trabajos de las mujeres en el Reino de Granada y reivindica una de las grandes transformaciones de la historiografía reciente: aprender a formular nuevas preguntas a los archivos

Durante mucho tiempo se repitió que las mujeres apenas aparecían en las fuentes fiscales de la Edad Moderna. Que los grandes registros administrativos hablaban de tierras, impuestos, cosechas o propietarios, pero apenas dejaban espacio para conocer las actividades económicas desarrolladas por las mujeres.

Sin embargo, el problema nunca fue la ausencia de mujeres en los archivos.

Las mujeres siempre estuvieron en el Catastro. Estaban en las casas, en las explotaciones agrarias, en los talleres, en los mercados, en las economías familiares, en las actividades textiles, en los pequeños negocios urbanos y rurales, en los hogares encabezados por viudas y en los espacios de producción, administración y cuidado que sostuvieron buena parte de la sociedad del Antiguo Régimen.

Sus nombres estaban escritos en los documentos. Lo que faltaban eran las preguntas adecuadas.

Esa es una de las principales reflexiones que propone la exposición El Catastro de Ensenada. Cenes de la Vega, 1752, inaugurada recientemente en la Biblioteca Pública Municipal Elena Martín Vivaldi. Entre sus contenidos figura un panel dedicado a los trabajos de las mujeres en el Reino de Granada, elaborado para la exposición y reimpreso ahora para esta nueva itinerancia, que invita a leer el Catastro desde una perspectiva capaz de reconocer la diversidad de actividades desarrolladas por las mujeres en la Andalucía moderna.

La documentación catastral constituye una fuente extraordinaria para ello. Aunque la propia normativa del Catastro de Ensenada establecía distintos ramos de riqueza y excluía a las mujeres del denominado ramo personal, la averiguación dejó rastros continuos de su actividad económica. Hilanderas en Laujar de Andarax, fabricantes de pleita en Padul, cogedoras y torcedoras de seda en Granada, panaderas, lavanderas, tenderas, amas de leche, comerciantes, sirvientas, hortelanas, labradoras, tratantes o estanqueras aparecen una y otra vez en los registros conservados.

Pero el Catastro no solo permite ver oficios o actividades. También permite identificar a mujeres como gestoras, propietarias, copropietarias, arrendadoras, arrendatarias, administradoras de bienes y auténticas empresarias de sus economías familiares. La exposición de Cenes de la Vega lo muestra con especial claridad: las mujeres no aparecen únicamente como figuras dependientes, sino como agentes capaces de gobernar casas, recursos, personas, tierras, rentas y operaciones económicas.

En el caso de Cenes, el catálogo dedica una atención específica a las mujeres que gobernaban la casa. Ser jefa de hogar no significaba simplemente residir sin marido, sino asumir la responsabilidad legal, económica y fiscal del grupo doméstico. El Catastro las nombra, las clasifica, les asigna utilidades, registra sus bienes, su trabajo indirecto y, en ocasiones, también su pobreza. Leído con atención, permite reconocerlas como mujeres que gestionaban recursos, negociaban arrendamientos y sostenían a sus familias en contextos económicos frágiles.

Esa lectura obliga también a ir más allá de la literalidad documental. Como recuerda el propio catálogo, el Catastro no era un registro de la propiedad en sentido estricto y no recoge plenamente los gananciales ni todas las formas de copropiedad. Por eso resulta imprescindible leerlo críticamente para reconocer a las mujeres como copropietarias y cogestoras de bienes, arrendamientos y operaciones económicas, incluso cuando la fuente no las sitúa en primer plano.

Los ejemplos de Cenes de la Vega son reveladores. Isabel Hernández aparece desde la fragilidad y la pobreza, sosteniendo a su familia mediante trabajo invisible y redes de ayuda. María Molina reorganiza la explotación familiar tras la viudez y mantiene una posición económica estable. Doña María Bellugar administra bienes y rentas de diversa naturaleza desde Lorca. Junto a ellas, otras mujeres como doña María García, doña Mariana Lorente o doña Josefa García aparecen vinculadas a tierras, casas arrendadas, regadíos, olivares, morales, cañaverales y patrimonios de notable entidad.

Especialmente significativo es el caso del Patronato de doña Mariana Lorente, vecina que fue de Granada, a través del cual se concentraba un patrimonio considerable: tres casas arrendadas, una casa-cortijo con torre y tinados, tierras de regadío y secano, cañaverales y un arbolado abundante. El producto total se elevaba a 8.421 reales y 16 maravedíes, una cifra que sitúa ese patrimonio en un nivel muy alto dentro de la riqueza local.

La clave, por tanto, no estaba en encontrar a las mujeres. La clave estaba en aprender a verlas.

Pocas personas han contribuido tanto a esa transformación de la mirada como Concepción Camarero Bullón, catedrática de Geografía Humana de la Universidad Autónoma de Madrid y autora intelectual de la exposición. Su nombre está unido desde hace décadas a la renovación de los estudios sobre el Catastro de Ensenada y a la demostración de que esta extraordinaria fuente documental permite conocer mucho más que la fiscalidad del siglo XVIII.

Gracias a sus investigaciones, el Catastro ha dejado de ser únicamente una herramienta para estudiar impuestos, propiedades o rentas. Se ha convertido también en una vía privilegiada para aproximarse a la vida cotidiana, las familias, las desigualdades sociales, las formas de trabajo y las experiencias de quienes durante mucho tiempo permanecieron en los márgenes de la narración histórica.

Pero quizá una de sus aportaciones más valiosas haya sido otra: construir comunidad académica.

A lo largo de los años, Concepción Camarero ha sabido tejer una extensa red de colaboración entre universidades, archivos, instituciones y grupos de investigación de toda España. Una forma de entender la investigación basada en la generosidad intelectual, el trabajo compartido y la convicción de que el conocimiento crece cuando se construye colectivamente.

En ese proceso, Granada ha ocupado un lugar destacado. La estrecha relación mantenida con investigadores e investigadoras del Archivo Histórico Provincial, el Centro de Estudios Históricos del Valle de Lecrín y La Alpujarra y diversos proyectos de investigación ha convertido a la provincia en uno de los espacios más fértiles para el estudio y la difusión social del Catastro de Ensenada.

En esa relación con Granada ha desempeñado también un papel fundamental Eva Martín López, directora del Archivo Histórico Provincial de Granada e investigadora integrante del proyecto TRAMA, cuya labor simboliza precisamente la conexión entre conservación, investigación y transferencia del conocimiento. Los archivos no solo custodian documentos: también permiten formular nuevas preguntas y construir nuevas lecturas del pasado.

Esa misma filosofía está presente en el proyecto TRAMA. Los trabajos de las mujeres en la Andalucía Moderna, una iniciativa interdisciplinar que ha contribuido decisivamente a renovar el conocimiento sobre la participación económica de las mujeres entre los siglos XV y XIX. No se trata de añadir a las mujeres a una historia previamente escrita, sino de replantear las preguntas con las que observamos el pasado.

Forman parte de ese esfuerzo colectivo investigadores como Ángel Ignacio Aguilar Cuesta, profesor de Geografía Humana de la UNED, y Raúl Ruiz Álvarez, profesor de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Cádiz, ambos integrantes del equipo TRAMA y comisarios de la exposición junto a Concepción Camarero.

La inauguración de la muestra reunió además a numerosas personas e instituciones comprometidas con la investigación, el patrimonio documental y la cultura. Participaron Montserrat Muñoz Sáez, alcaldesa de Cenes de la Vega; Elisabeth Fernández Puertas, delegada de Economía y Hacienda en Granada; Esther García Padilla, gerente territorial del Catastro en Granada; Eva Martín López, directora del Archivo Histórico Provincial de Granada e investigadora TRAMA; así como los comisarios de la exposición, Concepción Camarero Bullón, Ángel Ignacio Aguilar Cuesta y Raúl Ruiz Álvarez. La jornada contó también con la actuación de un conjunto de saxofonistas que abrió y cerró el acto, convirtiendo la biblioteca en un espacio donde la música, los libros, la investigación y la memoria compartieron protagonismo.

Porque las mujeres siempre estuvieron en el Catastro.

También sus trabajos. También sus propiedades, sus rentas, sus arrendamientos, sus empresas, sus cuidados, sus estrategias y sus formas de gobierno cotidiano.

Lo que ha cambiado en las últimas décadas no es la documentación. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para leerla. Y, sobre todo, para formular las preguntas que durante demasiado tiempo quedaron pendientes.